22 marzo 2014

El Mundo de las Hadas.

En el comienzo del tercer milenio, con un mundo globalizado y preocupado más en la geopolítica y en amasar cuantiosas fortunas, apoyados en un desarrollo tecnológico imponente, con un hombre sumido en la velocidad y el estrés ciudadano te preguntarás porque hablar de algo tan lejano al mundo real, que forma parte del mundo de la ilusión y la fantasía..
La respuesta será, tal vez, que esos seres mágicos nos dan la esperanza de la imaginación inocente de la niñez, que aún perdura dentro de nuestros corazones. Medio dormida, esperando que una fresca brisa de un puro de corazón, sin maldad alguna, encuentre las condiciones necesarias para volver a ver, hablar y creer en las hadas como cuando era niña.


El mundo de las Hadas es una mezcla de misterioso encanto, de cautivadora belleza, pero también de una enorme fealdad, de insensible superficialidad, de humor, malicia, júbilo e inspiración, de temor, risa, amor y tragedia. Es mucho más rico de lo que por lo general nos hace creer la literatura. Es un mundo en el que hay que entrar con mucho cuidado, pues no hay nada que enfade más a las Hadas que unos seres humanos que se mueven curiosamente por sus particulares dominios, como turistas malcriados.
Bajo su embrujo puede desarrollarse el amor y también el abandono y la muerte. Al igual que los humanos viven en un universo de contradicciones.


Una de las tantas leyendas sostiene que las hadas son ángeles caidos o paganos muertos que no han sido suficientemente buenos para entrar en el paraíso, ni tan malos como para entrar en el infierno, quedando obligados a vivir eternamente a mitad de camino.

El lugar dónde habitan ha sido variable con el correr de los tiempos y las culturas. Para los irlandeses alguna vez se han encontrado en el horizonte y otras bajo sus propios pies, alguna vez en tierras montañosas y otras en una isla mágica en el medio del mar, o debajo del océano.



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